Trabajo presentado en la APA (Asociación Psicoanalítica Argentina)

Bullying: Una forma de violencia en el ámbito escolar

Lic. Margarita Silberleib – Lic. María Zysman

Junio 2009

“Esto me pasó a mí

“Tuve anemia durante más de una semana y cuando volví al colegio todos se pusieron en mi contra. En especial Bea, que trataba de llamar la atención todo el tiempo y siempre encontraba algo para ponerse en contra mío. Me regalaron una perrita sin raza y ella me empezó a decir “villera”, “sucia”, “asquerosa” y cosas así. Y después empezó a arrastrar a todas las otras chicas. Durante un tiempo pensé que me podían ayudar Ana, Laura y Mora, que no estaban interesadas en eso. Pero terminó arrastrándolas a ellas también. Así que traté de aliarme con los varones porque odiaban a Bea. Ni siquiera ellos se pusieron de mi lado. Y para peor, eran más agresivos físicamente. Los varones eran más estúpidos y las chicas eran más crueles. Mientras que ellos me ponían alfileres en la silla, ellas me acosaban, no me dejaban comer y andaban buchoneando cualquier cosa. Bea me revisó la mochila y les mostró a todos que tenía toallitas. Pedro, que era algo así como el líder de los varones, dijo que yo tenía sida. El era más cruel y me amenazaba con pegarme si contaba sobre lo que me hacía, todos los demás me agredían de una forma estúpida. Axel era el más pesado y, junto con Mario, el más idiota. Me trató de convencer de transar con Tomás y ninguno de los dos queríamos. Me dijo que me hiciera prostituta. Quiso que me convirtiera en una chica fashion. Me  dijo que si no transaba con alguien a los trece no era nadie.

Creo que lo peor de todo fue cuando Denise y sus dos amigas Rita y Eliane, igual de pesadas que ella, me hicieron un fotolog con fotos de mi banda preferida y se conectaron con otras personas firmando como si fuera yo y diciendo mentiras. Abreviaban todas las palabras; yo odio eso. Odio lo “fashion”; creo que la moda es lo más estúpido y lo que menos me importa en el mundo. Me importa menos que el fútbol. Y ellas quieren que sea una tontita a la moda, hasta el punto que me agreden para lograrlo.”

Camila, 13 años (cursa 1er. año en un colegio bilingüe)

Camila escribió esto hace unos años. Es un caso que ejemplifica bien la dinámica del bullying.

Para definir esta problemática, deberíamos comenzar por aclarar que bullying no es sinónimo de violencia, sino que consiste en una forma específica de violencia. Es necesario definir y conocer el término para evitar que se originen dos situaciones indeseables:

a)    Que se considere cualquier pelea entre compañeros como bullying.

b)    Que se denuncie como bullying una relación en la que simplemente hay un conflicto entre iguales.

El bullying es una conducta de hostigamiento reiterado que podría traducirse al castellano como “intimidación” y que básicamente consiste en “infundir miedo”. Es un comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica y/o agresión física de un/os niño/s hacia otro, que se convierte en blanco de reiterados ataques. Es clave destacar que las agresiones se producen sobre la misma persona de forma reiterada y durante un tiempo prolongado. En el bullying existe un desequilibrio de fuerzas, una relación asimétrica de poder. El hostigado no logra defenderse y su dolor es sostenido, no se limita sólo al momento del ataque. El hostigado “está en manos” de su hostigador.

El lugar más frecuente es la escuela y se ejerce cuando no hay adultos presentes: los sitios elegidos son baños, pasillos, patio, comedor, micro escolar. El hostigador actúa siempre teniendo en cuenta que no lo descubran y sabiendo que el hostigado reaccionará de manera inadecuada. Lo hace en presencia de un grupo de compañeros que observa, allí se siente más poderoso, necesita espectadores para tener éxito.

Las agresiones no son casuales, nada es hecho “sin querer” y aquí es importante destacar la capacidad de armar estrategias y planificar que tiene un niño o adolescente que hostiga. Con cada acto intimidatorio exitoso su poder aumenta. Su prestigio en el grupo crece. No sólo atemoriza al hostigado sino al resto del grupo que calla por temor a ser el “próximo elegido”.

¿Cómo comienza a estructurarse esta dinámica? ¿Por qué se instala? ¿Cuándo se mantiene? La dinámica del bullying se estructura cuando se relacionan dos tipos de sujetos con características complementarias y las condiciones ambientales permiten que se establezca tal relación. Desde esta perspectiva se consideran tres factores que interactúan: el hostigador, el hostigado y ciertas condiciones escolares que permiten que un alumno o grupo actúen con agresividad mientras que el resto de compañeros observa pasivamente.

El hostigador “pega donde más duele”. Y a quien más le duele. Si el elegido reacciona de la manera esperada, lo repetirá. ¿Qué busca (y obtiene) hostigando? Popularidad, atención, poder. Son chicos que en general fueron o son hostigados en su familia o en otros grupos de pares. Podemos decir que en algún espacio aprendieron a relacionarse de esa manera. Es difícil el abordaje familiar a nivel escuela con estas familias. Nos encontramos con padres que se sorprenden de que la conducta de su hijo deba ser atendida.También ellos suelen verla como exitosa. Los hostigadores no maltratan por impulsividad, no realizan actos violentos por no poder controlarse sino todo lo contrario: planifican, monitorean, controlan y convencen a sus compañeros para colaborar con ellos. Están pidiendo ayuda.

Mientras, el hostigado se calla. No cuenta lo que le pasa, no entiende. Atraviesa diferentes etapas: desde creer que “ya va a pasar si hago lo que me pide” a sentir que, haga lo que haga, la situación nunca va a cambiar. Llega incluso a sentirse merecedor de ese trato.

Más allá de las diferencias individuales –que son tantas como sujetos hostigados – encontramos ciertas características comunes: son personas retraídas, sensibles, miedosas, inseguras, ansiosas, dependientes. Olweus enfatiza la baja autoestima y la actitud negativa hacia la violencia de estos niños y adolescentes. En general son chicos sobreprotegidos en su familia. Sus compañeros los perciben como sujetos diferentes y sin habilidades sociales básicas. Estas creencias les sirven para justificar su pasividad ante el acoso.

Nos encontramos entonces con grupos de chicos que sufren un tipo de violencia silenciosa y solapada, se sienten impotentes ante ella, creen que nada se puede hacer para modificar la situación y no recurren a los adultos. Esto dificulta la detección a tiempo y muchas veces son los padres que, de forma casual, se enteran de lo que está viviendo su hijo.

Comienza así el proceso de desenmascarar una estructura compleja conformada por diversos protagonistas y escenarios que requiere un abordaje desde lo individual, familiar e institucional.

Una mirada desde el psicoanálisis

En 1914 Freud escribió “Sobre la psicología del escolar“, texto realizado para una compilación destinada a celebrar el 50º aniversario de la fundación del colegio “Sperlgymnasium”, al que concurrió desde los 4 a los 17 años.

Freud resalta en este texto cuán importantes y tan presentes quedaron en su memoria sus maestros y profesores, quizás más que los contenidos, “…estudiábamos sus caracteres y sobre la base de éstos formábamos o deformábamos los nuestros”. (Freud, 2003: 248).

El psicoanálisis nos ha enseñado, dice Freud, cuánto de nuestras actitudes afectivas hacia otras personas quedaron establecidas en una época insospechadamente temprana.

“Las personas en quienes de esa manera se fija son sus padres y sus hermanos. Todas las que luega conozca devendrán para él unos sustitutos de esos primeros objetos del sentimiento, y se le ordenarán en series que arrancan de las “imagos”, como decimos nosotros, del padre, de la madre, de los hermanos y hermanas, etc. Así, esos conocidos posteriores han recibido una suerte de herencia de sentimientos, tropiezan con simpatías y antipatías a cuya adquisición ellos mismos han contribuido poco; toda elección posterior de amistades y relaciones amorosas se produce sobre la base de huellas mnémicas que aquellos primeros arquetipos dejaron tras sí. Otras vivencias, difícilmente menos importantes, tuvimos con los sucesores de nuestro hermanos y hermanas, nuestros compañeros.“ (Freud, 2003: 249).

Hablamos de la escuela de Freud de 1873, y su vínculo con la ciencia, pero aquellos contenidos intelectuales estaban irremediablemente mediados, entretejidos con la relación con sus profesores, maestros y compañeros; la escuela como institución que permite el pasaje de lo familiar a la cultura.

Hoy hablamos de bullying dentro del ámbito escolar, violencia particular en un ámbito específico, en donde los protagonistas son los niños y sus vínculos. Por lo tanto hablamos de sujetos y su interrelación. Pero ¿qué es sujeto para el psicoanálisis? Un sujeto se constituye como tal si significa algo para Otro primordial, otro que está encarnado en la función materna y paterna, por lo tanto todo aquello que acontezca dentro de sí en relación a la construcción de su subjetividad está en estrecha relación con lo que ocurra en el campo del Otro y se manifestara en la escuela como espacio de intercambio de subjetividades.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando un niño somete a otro semejante a un hecho de violencia? Debemos tener en cuenta qué es lo que ha ocurrido en el mecanismo de control de sus impulsos, es decir comprender la constitución de su aparato psíquico. Si dentro de un niño existe esta capacidad de sujeción al control de sus impulsos, dará cuenta de la presencia de una ley interna establecida y que actúa de acuerdo a ella. Esto nos demuestra conductas que van más alla de los límites impuestos desde el afuera, sino un reconocimiento de sus propio límites y el del otro. Es decir habrá construido dentro de sí dos estructuras fundamentales: la conciencia moral y el sentimiento de culpabilidad que Freud luego denominó Superyo. “La conciencia moral le dice al sujeto lo que está bien y lo que está mal. Y el sentimiento de culpabilidad apunta a que todos sus deseos primitivos de satisfacción inmediata estén prohibidos en su realización. Sentimiento de culpabilidad que surge porque desea lo que no debe desear, es decir satisfacción inmediata en el otro” (Osorio, 2006: 64).

Entonces el niño irá constituyendo su ley interna conforme haya atravesado y haya internalizado tres pasos fundamentales. El primer paso es ser significado por otro, la madre. Luego la incorporación del padre a través de la función paterna y, por último, es sustraerse de ese lazo parental para ser un ser social, acceder a la cultura.

Cuando un niño maltrata, hostiga a otro semejante, ¿qué busca? ¿Busca ser oído por otro? ¿Ese otro es el niño hostigado o son los adultos que deben poner un límite y crear dentro de él aquello que no fue constituido? Una primera aproximación sería saber cuánto este niño tiene conciencia de lo hecho. Tiene que haber un reconocimiento respecto de las consecuencias de su acción, no solamente para su propia vida sino para la de otros, un reconocimiento del semejante.

¿Qué normas y qué pautas son las que transgrede un niño que hostiga a otro? Las normas son intrínsecas a la vida psíquica, sabemos que aceptando y acatando la norma algo perdemos pero también ganamos, se establecen a partir de los primeros enlaces amorosos. Cuando estos fallan, nos encontramos ante situaciones donde vemos que el otro es vivido como un rival, el otro que se opone a mi deseo. Entonces no actúa por una afrenta recibida sino por una bronca y un odio acumulado hacia los demás y que toma el nombre de una persona en particular, ese es el depositario de todas sus imposibilidades. El niño hostigador se ríe de la castración del otro, en el otro ve la falta que no tolera en sí mismo, es el otro el que no sabe, el que no entiende, el tonto…

La escuela sigue siendo el ámbito que por excelencia los niños y adolescentes utilizan para manifestarse, para mostrar sus deseos y sus frustraciones y tienen un destinatario, los docentes. En la escuela está favorecido el vínculo transferencial entre los docentes y alumnos y entre los mismos alumnos. Silvia Bleichmar rescata la noción de asimetría, no sólo dentro del ámbito escolar sino en toda relación que involucre a los adultos y a niños y jóvenes. “La asimetría implica formas de responsabilidad y no formas de autoridad, la asimetría se basa en funciones y no en el poder de quien la ejerce. Por supuesto la asimetría tiene que sostenerse en una diferencia de saber y no de poder“ (Bleichmar, 2008:143). Es necesario no sólo imponer penalidades, castigar, sino entender la escuelas como productora de subjetividad, en donde se aprende porque se cree en el otro, por confianza en el otro. Es la necesidad de instalar normas, de crear legalidades, que no es lo mismo que poner límites, legalidades que competen tanto al alumno como al maestro. Muchas veces sólo se ve en los chicos su desempeño escolar, académico, sus productos, pero no se registra cuál es la capacidad de enlace hacia el semejante.

Por lo tanto si bien vemos en un aula un niño hostigado y un hostigador, y reconocemos falencias quizás desde lo institucional con respecto a la función que cumple la escuela, no debemos tomar a esos niños como emergentes solamente de un hecho social o institucional, ya que ese es sólo un aspecto de la cuestión; cada niño emerge de sus propios temores, angustias y vivencias.

Bibliografía

– Ballester Fernández, Francisco; Calvo Rodríguez, Ángel R. Acoso escolar: procedimientos de intervención. Sevilla, Editorial EOS, 2007.

– Bleichmar, Silvia.  Violencia social – Violencia escolar: De la puesta de límites a la construcción de legalidades (Escritos, conferencias, interrogantes). – Bs. As.: Noveduc, 2008.

– Freud, Sigmund.  Obras completas. Volumen XIII. Tótem y Tabú y otras obras (1913-1914), – 2ª. ed. – Bs. As.: Amorrortu, 2003.

– Olweus, D. Conductas de acoso y amenaza entre escolares. Madrid, Ediciones Morata, 1998.

– Osorio, Fernando. Violencia en las escuelas: Un análisis desde la subjetividad. – Bs. As.: Noveduc, 2006.

–  Serrano, Ángela. Acoso y violencia en la escuela. Barcelona, Editorial Ariel, 2006

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