Entre el sexting y la desvalorización del mundo real: los desafíos con los jóvenes de hoy

Colaboración de Damián Melcer, profesor y lic. en Sociología; ex-vicerrector en colegio secundario.

virtual_realUna reciente noticia sobre otro caso en donde se difunden, sin consentimiento de los autores, imágenes privadas en la red pública ha puesto nuevamente[1]  en evidencia el uso de las nuevas tecnologías como medios en donde se evidencia el maltrato entre jóvenes.

En este caso se hace mención al aumento de situaciones en donde los que quedan expuestos son jóvenes que han difundido sus propias imágenes en diversas poses sensuales en ropa interior.

Esta situación saca a luz toda una práctica de los jóvenes con su sexualidad y el encuentro con el mundo exterior. Es decir, aparece como uno de los modos de presentación y de estar en el mundo actual que encuentran los jóvenes. Se busca, en definitiva, la aprobación de su existencia mediante la estética. Indignarse por estos casos, que aumentan, nos dificulta pensar qué sucede entre los jóvenes que se expresan de este modo. Es importante, entonces, detenerse para ver el mundo que rodea al joven y por lo tanto motiva su comportamiento.

La imagen ha cobrado valor ético, convirtiendo lo estético en sentido ético, donde lo considerado bello gozaría de los bienes de una sociedad. La imagen bella, entonces, tiene sus premios. La imagen aparece como referencia para ser vendida, es decir que se ha mercantilizado y emerge por lo tanto como un valor. Lo paradojal es que este emergente sucede en una sociedad donde predomina la desvalorización de las cosas. Se desvaloriza el esfuerzo por conseguir un objetivo, se desvalorizan los productos de consumo y se desvaloriza la fuerza productiva (el trabajo mismo).

Los jóvenes tienden a buscar expresar sus inquietudes y probar al mundo circundante. Lo que encuentran a su alrededor reproduce las formas en que esté mundo vive cotidianamente y con la lógica de ese mundo, los jóvenes actúan. La consideración de que la libertad individual puede expresarse sin tapujos y bajo cierto manto de contención se da de bruces con las prácticas de control y de fetichización. Un cuerpo femenino parece libre si puede expresarse en su desnudez o semi-desnudez, sin embargo el control más intenso sobre el propio cuerpo no depende del individuo femenino sino del órgano social, el Estado, quien prohíbe con todos sus medios la libertad de elección de una mujer sobre su condición de ser madre o no. Mientras tanto, la falsa ideología coloca a los jóvenes en la situación de exposición de su cuerpo con la creencia de que “todo lo que brilla es oro”.

Mucho se ha dicho sobre el efecto de estos medios de comunicación, así como también sobre los juegos electrónicos de alto contenido violento. En términos generales se hace mención a que estos incentivan comportamientos violentos entre los propios consumidores de esos productos. Lo que deberíamos pensar, en realidad, es si acaso esos juegos no cumplen la función de canalizar un descontento con las normas imperantes y el estado en que se encuentran las cosas en el mundo real. La fantasía permite, entre otras cosas, hacer más soportable la vida cotidiana.

Partiendo de esta consideración, la pregunta cambia y nos exige interrogarnos por el mundo real en que estamos insertos los jóvenes y nosotros, los adultos que trabajamos con ellos.

La condena de la práctica individual, la constitución de normas restrictivas solo hace más tediosa la cotidianeidad y coloca una tapa sobre una olla en ebullición. Debemos tomar ciertos desafíos de hacer consciente el mundo que rodea a nuestros jóvenes, interpelarlos al respecto como así también escuchar cómo lo perciben. Poner de relieve el mundo real, preguntarnos –con ellos- qué pasa allí afuera, en el mundo que viven y perciben los jóvenes. Porque, en definitiva, no hay actos individuales sino expresiones singulares de un mundo social.

Por eso debe ser para nosotros, docentes, una tarea hacer visible el mundo social. Estamos ante una situación de disgregación de las relaciones sociales y efectivamente los modos para preservarse tenderán a reproducir los aspectos clásicos de la vida social: agresión, búsqueda de salidas individuales, desconfianza. Desde el rol de adultos en la escuela debemos poner de relieve el mundo quebrado, empezar a pensar en la posibilidad de que otra cosa es posible. Es salir de la lógica “amigo-enemigo”, “bueno-malo”; es tomar la subjetividad singular pero aceptando el desafío de construir una alternativa de conjunto y por lo tanto relacional entre los jóvenes.

La consideración consciente de los significados de la acción del joven, el reconocimiento consciente de donde se encuentran sujetos los actos de los individuos nos permite, al joven y a nosotros, reconocer los significados de la acción individual. La aprehensión de esta consideración es la garantía de nuevos modos de cuidado que serán asumidas por el propio joven, sobre sí y sobre su entorno.

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