Bullying y angustia

Por el Lic. Luciano Veraldi, del Equipo Libres de Bullying

“Lo siniestro se da, frecuente y fácilmente, cuando se desvanecen los límites entre fantasía y realidad; cuando lo que habíamos tenido por fantástico aparece antes nosotros como real…” (FREUD, 1919: 2500)

angustia

El psicoanálisis ha puesto el acento en la ineludible angustia y en el dolor psíquico de la existencia que acompaña la vida de todo ser humano. Freud y Lacan insistieron en revelar el carácter imaginario de las diferentes formas de evitar a la angustia y los sentimientos de abandono. Las nuevas formas modernas de evadir, reprimir o negar la angustia consisten en la configuración de una nueva economía psíquica. En esta nueva economía psíquica el sujeto trata obtener el bienestar inmediato, las relaciones efímeras con los otros, la obtención de placer fácil, la inmediatez y desechabilidad del contacto, un ser humano adaptado a las exigencias de los nuevos modos de vida, pensamiento y producción capitalista. Con esta nueva forma de subjetividad lo que se procura evadir es la angustia, la condición de existencia del deseo, de los límites, la condición de la alteridad.

La violencia que tanto aparece en el discurso social de la época no es más que una forma de respuesta que da el sujeto ante la angustia, respuestas a lo imposible de ser apalabrado.

El mismo Freud, ocupándose de la violencia en tiempos de guerra, hace referencia a esto cuando señala que: “El hombre primordial era sin duda un ser en extremo apasionado, más cruel y maligno que otros animales. Asesinaba de buena gana y como un hecho natural. No hemos de atribuirle el instinto que lleva a otros animales a abstenerse de matar y devorar seres de su misma especie.”

Podemos pensar al bullying como una manifestación de la angustia, por fuera de lo simbólico, como aquello que no logra de inscribirse y que se manifiesta por medio de la agresión. Es importante esto porque, en paralelo con lo que se denuncia como aumento de la violencia o, incluso, como causa de ella, se habla de un supuesto debilitamiento, caída o defección de la función paterna. Si el padre cede en su lugar, como factor estructurante, sea por su propia impostura narcisista creyendo ser la Ley (observable en los excesos de autoritarismo), o por su debilidad fálica, es decir padres maternizados e incapaces de imponer la ley, los hijos posiblemente no logren inscribirse en el orden socio-cultural simbólico. A su vez, si los educadores asumen los mismos lugares fallidos que ese padre, el niño o el adolescente puede que manifiesten diferentes expresiones sintomáticas, como sucede en el acoso escolar.

Como tratamiento posible pensamos justamente en restituir esta dimensión simbólica que tanto agresor como victima encuentran perdida. Para restablecer dicha dimensión habrá que operar y en-causar el deseo del sujeto implicado en cualquier tipo de acoso, promoviendo el deseo a partir de la relación paciente-analista y sobrellevando aquel afecto angustioso en una nueva forma de lazo social mediada por la ley.

Bibliografía consultada:

– Freud S., “De guerra y muerte”, en Obras Completas, Amorrortu, Bs. As. 1976, Tomo XIV, p. 293.

http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=1815

– Eliana Pirillo, “Bullying: algunas consideraciones psicoanaliticas de su acontecer”, Revista: Perspectivas en pscología Vol. 7, Bs. As 2010

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