La Violencia, desde el Psicoanálisis

Por el Lic. Luciano Veraldi, del Equipo Libres de Bullying.

“Semejante noción de la agresividad como de una de las coordenadas intencionales del Yo humano, y especialmente relativa a la categoría del espacio, hace concebir su papel en la neurosis moderna y en el malestar de la civilización”. J. Lacan

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“Dustheads” de Jean-Michel Basquiat

Su aporte primordial es que no se trata de una constitución biológica, tanto la psicosis, como la violencia se encuentran en el lenguaje, en el universo simbólico, común a todos los hombres.

Nuestra inscripción en lo simbólico, en la cultura, es violenta, en cuanto nos es impuesta. En ese sentido la violencia es estructural y no es erradicable. Somos introducidos a la vida, nos pusieron nombres, nacimos en una familia que no elegimos pero que debemos adoptar, nos bautizan en religiones, nos otorgan nacionalidades, etc. Quiere decir que nuestro origen está atravesado por la violencia, sea la violencia de la palabra, y de lo que el Otro hace en nombre de “tu propio bien”. Por lo tanto podemos afirmar que esta imposición original es un acto violento, de donde nuestro advenimiento como sujetos no es sin dolor.

Freud habló varias veces, precisamente del “narcisismo de las pequeñas diferencias” diciendo: “En una ocasión me ocupé del fenómeno (en Psicología de las masas y análisis del yo) de que justamente comunidades vecinas, y aun muy próximas en todos los aspectos, se hostilizan y escarnecen: así españoles y portugueses, alemanes del norte y del sur, ingleses y escoceses, etc. Le di el nombre de ‘narcisismo de las pequeñas diferencias’, que no aclara mucho las cosas. Pues bien: ahí se discierne una satisfacción relativamente cómoda e inofensiva de la inclinación agresiva, por cuyo intermedio se facilita la cohesión de los miembros de la comunidad”.

Está inofensiva inclinación agresiva, necesaria para la formación de grupos, sabemos que puede derivar en el odio aniquilador más intenso. La violencia es muy humana, es difícil encontrar actos de carácter tan horrorosos en un animal como los que un hombre puede llegar a hacer.

El complejo de “intrusión” del que nos habla Lacan permite entender que desde el origen del yo hay en la relación con el otro una tensión agresiva inherente.

El hombre quedara marcado por una profunda pasión: la pasión narcisista de ser un hombre. Es decir, engañado por las imágenes con las que se identificó, y que lo dejan en una relación de ignorancia con su propio inconsciente: él cree que es el que dice ser. Será necesaria la inscripción simbólica, para que su “motor” no sea sólo la competencia y la rivalidad, sino algo de la realización de un deseo propio. Aún así, un cierto grado de agresividad, odio y narcisismo nos acompañará toda la vida.

Por otra parte, la psicoanalista francesa Colette Soler, refiriéndose a la violencia y al racismo, una de las violencias ejercidas sobre el otro dice: “me parece que definir el racismo simplemente como el rechazo de la diferencia no basta, el racismo de los discursos en acción no se reduce a un puro problema de identificación, sino que concierne a lo que en el discurso no es lenguaje: es decir al goce…”

El goce está en estrecha relación con el odio, esa pasión indestructible en el inconsciente. Odio productor de una satisfacción, pero de una satisfacción nociva, que puede llevar la aniquilación del propio sujeto en esa pasión. Esta pasión del odio está estrechamente relacionada con formaciones yoicas y narcisísticas, que son las que determinan lo que es “propio” y “ajeno”. En el hombre hay pulsiones, y estás pulsiones muchas veces encuentran satisfacción propiciando daño al otro. Ya Freud en su libro “Malestar en la cultura” advierte: “la verdad oculta tras de todo esto, que negaríamos de buen grado, es la de que el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se lo atacara, sino por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo”. El odio encuentra su objeto precisamente en lo más próximo, en el prójimo, en lo más semejante. Aquí tendríamos que decir que gran parte del odio al Otro es odio a uno mismo.

Lo anterior podría abrirnos una vía para construir palabras sobre la violencia, sin caer en facilismo engañosos, lo que es muy difícil en un país donde tanto se dice, sin que se pueda salir de ciertas expresiones estereotipadas entre ellas las de la “misericordia”, en donde se establece un culto por las victimas, “victimizando” a todos los actores del conflicto, lo que puede traer como consecuencia la no responsabilización de los sujetos.

En todas las manifestaciones de la violencia, lo que es innegable es que hay un goce que tiende a perpetuarlas. Goce que no es solo del que agrede sino del agredido, pero esto sólo puede ser esclarecido en el caso por caso.

Para finalizar quisiera marcar una diferencia en la posición subjetiva por ejemplo entre un torturado y un maltratado. El psicoanalista Héctor Gallo, en su libro “Usos y abusos del maltrato”, plantea que en la tortura, el torturado no tiene opción, en cambio en el maltrato sí. En el maltrato no existe esa obligación de confesar una verdad, y en su misma condición podría oponerse al maltrante: “si el maltratado no es un niño completamente desamparado o un anciano completamente indefenso, tiene oportunidad de oponerse a su condición de victima, poniendo en cuestión su vinculo y haciendo valer sus derechos. Lacan decía: “de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables”.

Bibliografía:

Recortes extraídos del articulo “La violencia ¿Qué puede decirse desde el Psicoanálisis?, Carmen Elisa Escobar, disponible en la web.

Lacan, J. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”

Lacan, J. “La agresividad en Psicoanálisis”. Escritos 1

S. Freud. “Psicología de las masas y análisis del yo”

S. Freud “El malestar en la cultura”.

Soler, Colette, en Freudiana

Gallo, Héctor. Usos y abusos del maltrato: Una perspectiva psicoanalítica.

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