La falsa consideración del “bullying político”

Colaboración del Lic. Damián Melcer, Sociólogo.

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Se ha discutido en el último tiempo, con mayor intensidad en países latinoamericanos (México, Perú, Chile), acerca de la existencia de un “bullying político”. Dicho concepto se ha utilizado para denunciar a la oposición parlamentaria a un oficialismo; para denunciar el comportamiento del oficialismo frente a la ciudadanía y también fue utilizado por el oficialismo frente a movilizaciones de jóvenes y trabajadores contra medidas políticas. En definitiva, todos usan el concepto de bullying. Lo que nos debe llevar, directamente, a sospechar del concepto o de sus usos.

La idea de denominar “bullying” a una práctica especifica entre los jóvenes tuvo como finalidad hacer mención a un vínculo determinado que emerge entre ellos donde sin mediar elementos que evidencien una relación material de desigualdad afecta a unos frente a otros. Esa afección es fundamentalmente emocional y por lo tanto muchas veces se evidencia como una dificultad para el libre desempeño del afectado.

Al enmarcarse en una práctica escolar, la idea de bullying se subsume al concepto más general de violencia y escuela. Su particularidad es que hace mención a una práctica de hostilidad entre pares. Los estudiantes son pares entre ellos en el sentido que todos participan en el armado del conocimiento que deben adquirir en la escuela. En este sentido el concepto de bullying se limita al micro cosmos de la institución educativa. Pero la consideración de que los individuos se encuentran inmersos en relaciones sociales y que, por lo tanto, son personificaciones de las mismas nos permite entender que el conflicto que se genera entre los estudiantes evidencia que no son pares puesto que devienen de realidades sociales disimiles. Cada estudiante y docente porta con su experiencia y sus marcos de relaciones simbólicas. En el aula se encuentran estudiantes con mayores recursos simbólicos; con menores recursos lingüísticos; con determinados modos de vincularse ante la autoridad; etc. Eso es el saber que poseen los jóvenes y que también se pone en juego en el aula.

La figura del docente es la que enfrenta esa heterogeneidad de individuos e interviene constituyendo un grupo en ese tiempo y espacio, con sus reglas y objetivos. El concepto de bullying, en sí mismo, esconde la consideración de conflictividad o la existencia de conflicto social. Sin embargo si tomamos en consideración que el bullying es una particularidad de la violencia social en el ámbito escolar podremos enmarcar las relaciones simbólicas al interior del espacio áulico. Esas relaciones simbólicas, que no quitan por eso su real, se ponen en juego en todos los vínculos. El docente tiene la posibilidad de quebrantar esas relaciones que personifican los individuos mediante la intervención del conocimiento. Utilizando la enseñanza y el aprendizaje como medio por el cual se conforma el grupo áulico, la disciplina se vuelve así el regente del vínculo entre los estudiantes debido a que logra que trabajen juntos aquellos que no son amigos porque ambos se relacionan, más allá de sus divergencias sociales, con el objetivo de resolver el dilema trazado por la disciplina.

Ahora bien, cuando en política se utiliza este concepto se suele borrar quien lo enuncia porque efectivamente se pretende ocultar sus implicancias sociales, es decir qué intereses se representan; qué objetivos se buscan.

Cuando en la política se recurre al uso de agravios, insultos o descalificaciones físicas acontece que se evita la delimitación entre las fuerzas en pugna velándose los planteos políticos. Es decir, que esconden sus propuestas y por lo tanto sus expresiones programáticas desvirtuando el debate político. Al igual que el tero, se grita en un lado pero el huevo se pone en otro; estos sectores políticos se agravian pero nada dicen sobre los problemas políticos y económicos que afectan a las grandes mayorías. No se trata de hostigamiento de un sector sobre otro sino de fuerzas sociales que ocultando sus intereses políticos y económicos recurren a una discusión banal y distraccionista.

Quien gobierna y por lo tanto posee el control del órgano estatal, nunca está en una relación de igualdad ante los ciudadanos o los restantes organismos políticos. Es por eso que las exigencias ante las faltas o problemas sociales se dirigen a quien controla al Estado. Por eso, la acción del Estado sobre las restantes fuerzas sociales no es bullying, ya que parte de una instancia de desigualdad. El Estado posee los instrumentos jurídicos y las fuerzas del control social, por lo que su accionar cobra una diferencia cualitativa. Se vuelve Juez, parte y verdugo.

Las reacciones o resistencias a las políticas del oficialismo no pueden denominarse bullying porque son acciones reactivas. En última instancia no podemos hablar de “bullying político” en el sentido que los enfrentamientos entre el gobierno y sus variantes opositoras nos exigen posicionarnos sobre determinadas problemáticas que el tiempo social impone. Es una toma de posición frente a situaciones sociales, políticas y económicas.

La confusión, a veces intencionada otras veces producto de un impresionismo, evidencia que asimilamos imágenes descontextualizadas y que a través de las mismas utilizamos un concepto que rápidamente nos permita definir un suceso sin interpelarlo en su complejidad.

La denominación de bullying busca evidenciar una relación de hostilidad entre miembros de un espacio común. El docente aparece como la conciencia del objeto (la disciplina que enseña), si se representa esa conciencia entonces toma él conciencia de que es conciencia y mediante su intervención en el aula impulsa a que los estudiantes se vinculen con el saber y mediante esa vinculación releguen sus diferencias sociales con las que cargan, por lo menos mediante el uso del lenguaje. Es entonces que el estudiante que “no se lleva bien con otro”, puede –potencialmente- cumplir la misma tarea en común. La concepción de bullying relega la dimensión del conflicto social pero una explicación que pretenda dar cuenta del porqué del hostigamiento entre pares debe recaer en la consideración de la existencia del conflicto social y entender que el bullying, de manera distorsionada, nos abre una puerta para que la interpretemos al interior del aula. Justamente por ser un concepto que se circunscribe a una actividad específica de ningún modo nos brinda herramientas para el abordaje de la conflictividad social y política.

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