Cuando el bullying se “descubre” en vacaciones

Por la Lic. María Zysman, Directora de Libres de Bullying

salvavidas_2014Durante las vacaciones solemos recibir diferentes consultas que tienen un punto en común: niños y adolescentes que, ya terminadas las clases, se animan a hablar y narran hechos de hostigamiento y acoso recibidos durante todo el año lectivo anterior. Luego de la última reunión de entrega de boletines, ese día en el que la escuela parece cerrar sus puertas hasta las próximas fechas de examen en febrero… ahí los chicos se deciden a hablar.

Los padres, claro, que están sorprendidos por el silencio mantenido por sus hijos hasta ese momento, se comunican con nosotros preocupados y muchas veces angustiados: “¿Y ahora, en las vacaciones, qué puedo hacer? ¿Con quién hablo en el colegio? ¿Por qué me lo dice ahora que no está ni la secretaria ahí? ¿Me lo puede entrenar para que al volver al colegio esté más preparado?”

Cuando nos preguntamos acerca del motivo por el cual los chicos hablan precisamente en ese momento, surge que una de las causas es que en las vacaciones se sienten “a salvo”. Por un lado a salvo de quienes los hostigan, pero también a salvo de algunas reacciones desmedidas de sus padres y especialmente de las corridas a la escuela para exigir explicaciones. Es común que los chicos teman a estas escenas que los dejarían aún más expuestos ante la mirada de sus compañeros. Esperan entonces ese momento de receso escolar para hablar sintiéndose seguros; saben que con la escuela cerrada están, de alguna manera, más protegidos. Y si consideramos la etapa evolutiva que los chicos atraviesan, es lógico suponer que no anticipan lo que ocurrirá en marzo, o suponen que una vez calmadas las aguas podrán sus padres acercarse a plantear el problema con más tranquilidad. Mientras tanto, confían en que ahora el silencio será compartido.

Las vacaciones resultan, entoces, una época privilegiada para repasar con los hijos vivencias y experiencias no tan lindas de la escuela. Sin correr detrás de las tareas, trabajos prácticos, pruebas y horarios, podemos ir más allá de los contenidos académicos, para encontrarnos con los chicos desde otro lugar, con otra escucha. Abramos el espacio para que narren su “tiempo social” de la escuela, que nos cuenten qué les gusta de los demás, qué los atemoriza, con quiénes se sienten bien y con quiénes no, cómo les gustaría compartir el siguiente año lectivo.

A partir de esta apertura de los chicos en las vacaciones, en ocasiones es necesaria la consulta profesional, la orientación e incluso la derivación para comenzar un tratamiento. En muchos casos, un solo encuentro puede clarificar y orientar a la familia sobre cómo encarar el próximo período con un enfoque diferente.

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