Vivir para mostrarlo

Por la Lic. María Zysman, Directora de Libres de Bullying

foto_post_videos_mostrarEn las últimas semanas tuve oportunidad de ver en la web dos videos “caseros” muy difundidos, que representan una tendencia cada vez más fuerte, sobre la que propongo una reflexión colectiva.

En uno de los videos, un chiquito lloraba y se defendía, frente a la lectura del boletín escolar que hacía su padre. El niño aducía, excusándose, que era “una estafa” haber recibido las calificaciones que el señor comentaba, semi-indignado. Al comenzar el video, el hijo le pedía a su papá que no lo filmara (¿será habitual para él hacerlo?) y éste lo tranquilizaba con una mentira, al asegurarle que no lo estaba haciendo.

En el segundo video, una familia numerosa estaba sentada alrededor de una mesa y la mamá emocionada le leía a uno de sus hijos la noticia (escrita) de que sería aceptado en el colegio de sus hermanos, al que hasta ese momento no podía concurrir por tener una discapacidad auditiva. Todos esperaban la reacción del niño que –lógicamente- se emocionó, lloró, lo abrazaron, sonrieron… en una escena sumamente conmovedora.

Sin cuestionar para nada lo bello de estas situaciones ni las emociones de quienes viven estos afectos, novedades, momentos graciosos y sumamente importantes, me llama la atención la producción y organización previa y posterior, necesarias para que esto haya sido filmado, subido a las redes, y compartido con miles de personas.

Momentos que hasta hace poco tiempo eran espontáneos, íntimos, privados o compartidos sólo con los afectos más cercanos; ahora parecerían necesitar ser legitimados por la viralización, por el compartir indefinido e indiscriminado mediante las redes sociales.

Entiendo que puede haber una intención de “evangelización” en algunos de los que difunden estas filmaciones: “miren qué importante sería evaluar de otra manera a los alumnos” o “es fundamental que en las escuelas haya inclusión” por ejemplo, pero a mi entender son otros los elementos de fondo que se ponen en juego en estos casos.

Mostrar, mostrarse, sacar de casa lo que es propio de casa, hacer público lo íntimo sin cuidar del todo a los chicos. A ellos no se los consulta, o se les pregunta y dicen que no. Muchas veces los chicos se sienten expuestos, humillados y avergonzados con estas situaciones, pero sus pedidos no alcanzan para mitigar el deseo narcisista de los padres.

Las “genialidades sensibles” de la familia deberían ser de la familia. Pensemos antes de publicar si todos los que aparecen en los videos aprueban ser vistos por gente que no conocen. Preguntémosles si desean que nuestros amigos, conocidos o desconocidos virtuales, sepan de sus llantos, notas escolares, enojos o emociones. Supongo que dirán que no.

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