El Bullying, en definiciones y testimonios

Por la Lic. María Zysman, Directora de Libres de Bullying.

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Las palabras pueden lastimar. Ilustración: Catalina Juarros

Una y otra vez nos sentimos convocados a definir de qué hablamos cuando hablamos de bullying. Revisando textos, apuntes y viñetas, encontramos algunos breves relatos que ubican en primer plano las emociones de los chicos hostigados y nos son siempre útiles para comprender esta dinámica.

Partimos siempre de lo siguiente:

El hostigamiento o “bullying” se define como un comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica y/o agresión física de un/os niño/s hacia otro, que se convierte en víctima. Para ello, deben darse las siguientes condiciones:

1.- La agresiones se producen sobre la misma persona (víctima) de forma reiterada y durante un tiempo prolongado.

2.- El agresor establece una relación de dominio-sumisión sobre la víctima. Hay una clara desigualdad de poder entre el agresor y la víctima.

3.- La agresión supone un dolor no sólo en el momento del ataque, sino de forma sostenida, ya que crea la expectativa en la víctima de poder ser blanco de futuros ataques.

No todos los comportamientos agresivos o los conflictos que surgen en un grupo pueden considerarse hostigamiento o maltrato. Los problemas de convivencia, si son solucionados adecuadamente contribuyen al desarrollo de habilidades para la socialización.

A fin de comprender y detectar algunos signos y señales, diferenciamos tres tipos de hostigamiento:

Hostigamiento Físico: golpear, patear, empujar, romper pertenencias, robar, obligar a alguien a hacer lo que no desea. “Los varones eran más estúpidos y las chicas eran más crueles. Mientras que ellos me ponían alfileres en la silla, ellas me acosaban, no me dejaban comer y andaban buchoneando cualquier cosa”. (Camila, 12 años)

Hostigamiento Verbal: Poner apodos, burlarse, insultar. “Yo en ese colegio era la marioneta de pruebas. La manejan, la llevan a todas partes con malas palabras, malas intenciones, un chico lo decide, le dice a toda la clase, invitan a burlarse.” (Juan, 9 años) “Me regalaron una perrita sin raza y ella me empezó a decir villera, sucia, asquerosa y cosas así. Y después empezó a arrastrar a todas las otras chicas.” (Camila, 12 años).

Hostigamiento Social: “hacer el vacío”, “ningunear”, aislar a la víctima, ignorarla deliberadamente, difundir rumores.“Cada vez que tomaban lista cuando decían mi nombre todos gritaban ‘ausenteeeeeee’ cag… de risa. Yo no quería, pero lloraba.” (Luciana, 11 años). “Un día llegué al colegio y todas las chicas se habían comprado la misma campera. La única que no la tenía era yo” (Mora, 16 años).

Sugerimos hablar en cada caso de “predominio de” uno de ellos, ya que –como es de imaginar– no se suelen dar diferenciaciones tan tajantes: ningún chico insultado es integrado al grupo, o a ningún chico lo invitan a jugar mientras le pegan…

“Los tres tipos de intimidación tienen un componente de maltrato psicológico importante, latente en todos y cada uno de ellos. Si este acoso se mantiene en el tiempo y de forma repetida, al final se produce lo que se llama victimización psicológica” advierte José María Avilés (España).

Compartimos otro testimonio:

“Me hicieron bolsa cuando supieron que mi vieja tiene cáncer. Cada vez que aparecía yo decían algo… tipo llegó la enferma, la huérfana, qué se yo… cosas espantosas. Yo me repetía no llores que es peor, no llores que es peor. Pero imaginate, era imposible, ya tenía una banda yo con lo que me pasaba. Además como soy muy alta decían ahí va la modelo cancerosa. De terror, te juro”. (Martina, 15 años)

El objetivo de la intimidación suele ser un solo alumno. Se puede ejercer en solitario o en grupo, pero se intimida a sujetos concretos. Nunca se intimida al grupo.

En todos los grupos pueden surgir conflictos y diferencias, como así también tensiones entre fuertes y débiles. Para que éstas se constituyan en bullying deben ser sostenidas, reiteradas en el tiempo (¿cuánto tiempo? El necesario para que se instale la ansiedad y miedo que lo sostienen) y amparadas en pactos de silencio. Quienes sufren de acoso NO PIDEN AYUDA de manera tradicional o explícita. Tenemos que leer otro tipo de signos y comprender las escenas incluyendo la historia previa y las posibilidades de afrontamiento (¡o falta de ellas!) de los chicos.

No se trata de detectar y señalar “buenos” y “malos” o encontrar culpables en la institución escolar, sino de actuar con celeridad para frenar el sufrimiento del maltratado, desde una mirada contenedora, siempre. Desarrollemos toda nuestra creatividad para intervenir con eficacia y eficiencia.

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