Cuando los medios “gastan” a un niño

Por la Lic. María Zysman, Directora de Libres de Bullying.

teddybearDurante los últimos días se “viralizó” un video en el cual un niño de 12 años expresa sus gustos y pasiones. Se trata de un niño que habla de una manera diferente, con una prosodia particular y preferencias por la literatura, el arte, la historieta, el dibujo. Sabe y conoce mucho más que lo que comúnmente sucede en chicos de su edad.

La nota fue titulada “El Mini-Personaje” por el canal de noticias que la generó. ¿Cómo y por qué lo nombran así? ¿Dónde lo ubican cuando lo llaman personaje? Y en todo caso, ¿personaje de qué?

La difusión de esta nota habilitó el camino para la burla, la cargada, los memes, la imitación desvalorizante. A partir de esto, muchos otros jóvenes pueden sumarse y repetirlo. Y entonces todos nos horrorizaremos porque los chicos hacen bullying y pensaremos en causas, síntomas, maneras de prevenir, idolatraremos los programas finlandeses y nos quejaremos de los docentes y del Estado que “no hace nada” al respecto.

Sin embargo hoy, poco nos preguntamos acerca de los conductores de televisión y de radio que se han divertido a costa de Juan. Es un hecho grave, porque no son chicos probando o jugando, sino grandes con el enorme poder de generar opinión. Y que opinen desde la “gastada” a un niño no debería sernos indiferente.

También podemos preguntarnos acerca de por qué la familia del niño da el consentimiento para que este video salga al aire. Sin duda, no se imaginaron a qué lo estaban sometiendo. Orgullosos de un hijo que brilla, lo muestran y exponen sin medir el efecto de los medios.

Esto es lo mismo que, en menor escala, hacemos cotidianamente al compartir imágenes y videos familiares en las redes sociales: regalamos momentos privados a la mirada pública, que muchas veces se excede con críticas y comentarios.

Pero este video pasó otro tipo de límite, porque ya no son los amigos de amigos que tomaron imágenes de nuestro hijo en Facebook, sino conductores supuestamente graciosos y periodistas inescrupulosos (¿o poco sensibles?) que convencen a una familia para que autorice exposiciones innecesarias.

No naturalicemos prácticas que humillan, no compartamos imágenes y videos de niños y adolescentes, no echemos culpas al viento cuando somos parte de un sistema que deja a los más vulnerables expuestos al maltrato. No esperemos que sean los otros los que cambien. Empecemos por cambiar nosotros.

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