El bullying y la consulta de los padres

Por la Lic. María Zysman, Directora de Libres de Bullying.

madre_escuchaA esta altura, cuando termina el año lectivo en Argentina, las consultas de padres que piden orientación son muy frecuentes. Los chicos ya están cansados, muchas familias focalizan su preocupación en el rendimiento académico (“te llevaste materias”, “estás desaprobado”, “subís las notas o…”) y en este contexto muchas veces surgen pedidos de auxilio referidos a la integración ¿o desintegración? grupal. Algunos chicos se permiten expresar lo que vienen acumulando durante el año, algunas maestras “tiran la toalla” pensando que el año próximo podrán retomar el tema… y hay quienes viven el fin del período escolar con tristeza y sentimientos de frustración muy fuertes.

Frente a esta situación, es necesario resaltar la importancia de no hacer diagnósticos apresurados a la hora de detectar signos o síntomas en los chicos. Como hemos dicho en diferentes oportunidades, padres y docentes podemos ver niños o adolescentes tristes, decaídos, enojados, con dificultades para dormir o que no quieren hacer cosas que antes hacían y esto no constituye de por sí un diagnóstico inmediato de bullying.

Que un niño o una niña esté retraído, no quiera hacer programas o no tenga ganas de ir a un cumpleaños, no son inevitablemente síntomas de que esté sufriendo bullying. Sí son indicios a considerar, son palabras a escuchar, pero debemos siempre investigar qué ocurre antes de tomar decisiones.

Que nuestro hijo o alumno se pelee con alguien y le grite, o quiera llamar su atención y le insista, no son tampoco signos inequívocos de que sea un acosador. Nombrar a los chicos de esta manera nos impide comprender qué ocurre y, además, nos lleva a intervenciones erróneas que pueden acrecentar el problema.

Los chicos tienen derecho a elegir sus amigos. Tienen derecho a enojarse y pelearse. No nos apuremos a nombrar y a acusar ni pidamos al otro (padre/madre/docente) que intervenga acorde a diagnósticos “express” porque en el medio quedan los chicos perdidos.

Por eso, recomendamos una vez más no minimizar el sufrimiento infantil, pero tampoco hiperdiagnosticar con nombres tales como “bully”, “bulero”, “”buleado” o “víctima”. Eso no ayuda a los chicos.

Estar atentos, pensar y profundizar en cada situación en particular es imprescindible para lograr aulas libres de bullying.

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