María Zysman en Clarín: “En el bullying, el silencio es el mejor cómplice de quien hostiga”

Nota a la Lic. María Zysman en el diario Clarín de Buenos Aires, 3/1/2016. Por Claudio Martyniuk.

nota_MZ_clarinMaría Zysman parte de considerar que el bullying, y el maltrato en general, no lo inventaron los chicos. En las escuelas, las nenas y nenes quieren estar bien, crear, inventar y establecer vínculos. Pero si surge el bullying, la escuela tiene que registrar que algo está sucediendo y problematizarlo con responsabilidad. Y los padres deben estar presentes y atentos.
¿Cómo se define el bullying?
El bullying es una forma de violencia. Es una de las maneras de expresar malestar, un síntoma de que algo no está bien. Es hostigamiento sistemático, sostenido y reiterado entre pares que están obligados a convivir. Es intencional y busca intimidar y someter a quien es elegido como víctima. Se construye y sostiene en relaciones asimétricas de poder. Ese poder no necesariamente es real, pero quien está en inferioridad de condiciones así lo vive y no logra defenderse. Se siente humillado y desprotegido porque todas las acciones descalificatorias y agresivas se realizan delante de testigos. A veces se considera bullying situaciones que son espontáneas en los niños y adolescentes: pelearse con la mejor amiga, no ser invitado a una salida, un chiste del cual luego los chicos se arrepienten y piden disculpas, una pelea entre equipos de fútbol. Y muchas otras veces se naturaliza el maltrato minimizando el dolor de quien lo sufre.
¿Cómo empieza a manifestarse?
Comienza con chistes, cargadas, bromas y apodos que someten al otro, que lo exponen. Primero de manera verbal, luego puede extenderse a lo físico y, en este escenario, el chico queda excluido socialmente. Queda solo y nadie quiere acercarse. Surge el miedo entre los chicos, los pactos y alianzas. Y el chico se siente intimidado, amenazado y humillado. La humillación lo expone al ridículo y la vergüenza. Desea escapar. Cuando a esto le agregamos Internet, esos sentimientos explotan y se potencian mucho. Ya no son 20 compañeros los que se ríen sino miles. Y no solo los miles que comparten el material sino los miles que la víctima imagina que pueden llegar a verlo.
¿Cómo detectarlo, qué atender?
Un chico hostigado cambia su conducta. Se va “metiendo para adentro,” encerrándose en sí mismo. No quiere contar lo que le sucede porque siente que avergüenza a su familia, se siente responsable y hasta llega a creerse que los demás tienen razón en tratarlo así. Entonces aparecen signos físicos, trastornos del sueño y de la alimentación, llanto inmotivado, irritabilidad. Puede ocurrir que se torne agresivo, ansioso, que falte mucho a la escuela.
¿Cómo debe actuar la escuela?
Es necesario evaluar las situaciones con calma y sin juicios express. Trabajar padres y docentes juntos, sin culpabilizar a nadie y buscando los espacios comunes de intercambio sin hacer de las situaciones de bullying un “pasacalles” para toda la comunidad. La confidencialidad es fundamental para abordar eficazmente el bullying. Hay que escuchar y creerle a quien logra hablar. Luego, buscar información entre todos los implicados. Quien agrede debe recibir claramente el mensaje de que eso debe terminar. Debe cesar inmediatamente el hostigamiento y comprometerse a un cambio. Las sanciones deben ser reparatorias, educativas y no humillantes. Si humillamos, devolvemos aquello que queremos modificar. No podemos enseñar a no humillar humillando.
¿No sería mejor callar y esperar?
En el bullying, el silencio es el mejor cómplice de quien hostiga. Cuando nadie habla, el hostigador crece, aumenta su poder. Entonces se puede pegar, humillar porque “nadie dice nada”. Al no decir nada, aumenta la amenaza de que si se habla se será el próximo elegido.
¿Qué marcas deja en la víctima?
En principio se ve afectada la autoestima. La víctima siente desamparo e indefensión. Quien sufre de hostigamiento se convence de que se lo merece, de que esas son las relaciones posibles para él y puede ocurrir que luego espere esa misma devolución en otros espacios (pareja, laborales, familiares).
¿Qué es el ciberbullying?
El cyberbullying consiste en el hostigamiento entre pares sostenido y reiterado por medio de dispositivos tecnológicos (si participan adultos entra dentro de lo considerado grooming). Comparte con el bullying las características de agresividad, intencionalidad y desequilibrio de fuerzas, pero en el mundo virtual se agrega la fantasía de anonimato, la disponibilidad 24 horas los siete días de la semana y la desinhibición generada por la mediatización de las pantallas. Quien hostiga detrás de una pc o teléfono móvil siente que no hay sanción ni reprobación social. Se siente de alguna manera “salvado” por esa distancia y se anima a compartir, sumarse y generar contenidos que en el cara a cara no compartiría. Adquiere mucha más potencia la vergüenza y el miedo de no saber de dónde ni de quién vienen las agresiones y hace que quien lo sufre no tenga espacios “a salvo”. En ningún lugar se siente seguro ni separado de sus hostigadores. Hace unos años, uno terminaba las clases y el acoso quedaba ahí, ahora se lo llevan en una app.

Señas particulares

María Zysman
Licenciada en psicopedagogía (Univ. del Salvador). Realizó, en la Univ. Favaloro, posgrados en Autismo y otros trastornos generalizados del desarrollo, y en Déficit de atención y trastornos de aprendizaje. Coordina equipos de integración escolar de niños con necesidades especiales y dirige el equipo “Libres de Bullying”. Autora del libro “Cómo prevenir e intervenir en situaciones de acoso escolar” (Paidós, 2014).

Link a la nota en Clarín

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