La angustia de los niños como espectáculo

Por la Lic. María Zysman, Directora de Libres de Bullying.

“Si tu hijo está triste, consolalo. Abrazalo, escuchalo, contale tus experiencias, alentalo, dejá que llore todo lo que tenga para llorar. Pero por favor, no lo filmes para subir a las redes sociales. No hagamos de la angustia de los chicos un espectáculo.”

Messi

En los últimos días, y a raíz de la posible renuncia de Lionel Messi a la Selección Nacional luego de perder la final de la Copa América ante Chile, surgieron todo tipo de pedidos y súplicas por parte de argentinos desesperados, angustiados… prácticamente devastados. Hombres, mujeres y niños que a través de las redes sociales expresaron sus sentimientos y le rogaron al ídolo, –tantas veces maltratado, por cierto– que se quede, que no nos abandone, que le perdonamos todo.

Entre todo lo que pude leer y ver, un video en particular me conmovió, pero de la peor manera. Me partió el corazón ver a un niño pequeño, de menos de 6 años, llorar desconsoladamente entre mocos y lágrimas, implorándole a Messi. Mientras su madre lo filmaba, lo presionaba para que continuara “hablándole” al futbolista; le insistía, cuando su hijo estaba desbordado de angustia: “así se lo mostramos a él”, agregaba.

Ni un abrazo, sólo un teléfono filmando y una madre buscando “dar a conocer” el dolor de su hijo. Luego, para completar el cuadro, un conductor de TV muy famoso, amigo de la familia, mostró el video a millones de televidentes en su programa de altísimo rating.

Hemos llegado, señores y señoras, a niveles de exposición y búsqueda de “fama” que jamás podría haber imaginado. Ya no importa ni el dolor de un hijo, si eso se puede utilizar para algo. Ya no son los adolescentes mostrando desnudeces y descubriendo su sexualidad en las pantallas, sino los padres jóvenes que exponen no sólo las gracias de sus hijos, sino sus dolores más profundos. Y eso es grave.

Si lo tomo desde el recorte que suelo hacer en mi trabajo, lo vinculo inmediatamente a la humillación, a las consecuencias de que esas imágenes aparezcan durante años en los buscadores de internet, a la mirada propia de este niño y su autoconcepto, a la mirada de sus compañeritos mañana (no el año que viene), a la de su maestra, a la de sus padres.

Pienso en el valor de la intimidad, que tanto preocupa a los padres de púberes y adolescentes, cuando el miedo a que los otros “le hagan algo” a su hijo los invade. Y sin embargo, no piensan en lo que le hacen ellos mismos. El miedo puesto afuera por la propia exposición del adolecente y el olvido de lo que ellos mismos van exponiendo y van construyendo durante la lactancia y latencia de sus hijos.

No puedo saber qué motiva a cada familia a tomar las decisiones que toma, pero sí siento la necesidad de pedirles que se amplíen los tiempos de reflexión previos a subir contenidos a las redes sociales. Que ese “qué estás pensando” que propone Facebook sea un pensar de verdad y no un impulso. Que la prioridad a la hora de elegir qué compartir siempre sea el bienestar de los niños y la preservación de su intimidad, frescura y emociones.

Que lo que a nosotros nos enorgullece muchas veces a los chicos los avergüenza, que debemos tener conciencia de que lo que subimos a la web… subido está.

Y que en la pubertad no nos encontraremos con un desconocido sino con nuestro hijo, el mismo que amamos desde que fue gestado. El mismo que elegimos exponer o no. Y eso también es lo que hará él con su vida.

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