Gerardo, su celular y el Síndrome de Asperger

Por la Lic. María Zysman, Directora de Libres de Bullying

Hace ya más de quince años tuvo mucha difusión la publicidad de una empresa telefónica protagonizada por un joven llamado Gerardo. Gerardo se vestía de una manera particular (completamente opuesta a la moda del momento), coleccionaba cosas, imitaba patos, hacía ruidos extraños y era acompañado por su mamá a comprar ropa. Se lo presentaba como un chico “raro”, que necesitaba un celular para animarse a ser como los demás. Poco se hablaba en esa época del Síndrome de Asperger, de escuelas inclusivas y del bullying.

Las personas con Síndrome de Asperger tienen intereses muy particulares, una forma de acercarse al conocimiento única y personal, y suelen ser apasionados por temas diversos a los cuales le dedican todo su tiempo. Son capaces de hablar por horas las cuestiones de su interés sin registrar si su interlocutor los escucha o no. Suelen ser bastante intolerantes a la frustración, autoexigentes y detallistas. Pueden presentar un lenguaje erudito con una prosodia (forma de pronunciar) particular y es habitual que les cueste aceptar puntos de vista diferentes a los propios.

El mundo académico sigue discutiendo si esta condición existe o no, si el Asperger es un diagnóstico o una etiqueta, si debe tratarse como tal, cuál tratamiento “garantiza” la integración al mundo social y demás cuestiones. Lo cierto es que mientras los profesionales nos quedamos en este debate, los chicos necesitan, quieren y deben ir a la escuela.

Y en la escuela, los niños con esta condición se encuentran por una parte con una gran resistencia a alojarlos, y por otra con exigencias absurdas para ser incluidos. Se les solicita un informe profesional a modo de instructivo de cómo se les debe enseñar, qué pueden aprender, cómo deben ser tratados… Además se pide la presencia de un acompañante pedagógico (maestra integradora) que funcione como puente decodificador del niño, niña o adolescente con Síndrome de Asperger.

Muchas veces, estos chicos son señalados con el dedo por madres de los compañeros del grado, son culpabilizados por cualquier disrupción en el aula, son acallados “para que los demás también puedan hablar”. Se espera que “se normalicen” (como Gerardo con su celular) para considerarlos incluidos.

Mal que les pese a algunos, lamento decir que eso no es inclusión. Incluir significa que cada uno siga siendo cada quien y en ese intercambio todos se enriquezcan. Que nadie se sienta humillado por ser quien es ni sea invitado a retirarse cuando su “acompañante” no está. Incluir es no permitir la cargada o el chiste a quien no lo entiende. No esperar a que desarrolle su sentido del humor para entirse a salvo. Buscar entre todos la manera de construir un mundo –de verdad– para todos.

Cuando la escuela señala, cuando las familias que forman la escuela apuntan, se crea un terreno sumamente fértil para el bullying. Lamentablemente, los chicos con Síndrome de Asperger saben bien de esto.

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