Un grito que se escucha desde Australia

Por la Lic. María Zysman, Directora de Libres de Bullying

Un extracto de esta nota fue publicado en TN.com.ar el 20 de febrero de 2020

Hoy asistimos conmovidos una vez más al pedido desesperado de ayuda de una madre, por el bullying al que someten a su hijo en la escuela. En esta oportunidad, el hecho sucede en Australia, pero podría ocurrir en cualquier lugar del mundo. De allí es Quaden, un niño que nació con acondroplasia (la forma más frecuente de enanismo), aunque podría haber sido el “elegido” por cualquier otra condición o enfermedad, física o psicológica, que haga que no encaje dentro del ideal de un grupo.

Cuando un niño o adolescente, seguido por sus amigos, hace bullying a un par, suele buscar excusas para explicarlo. Señala en el otro aspectos a denigrar, separar, discriminar, desmenuzar y así pretende salir indemne de la situación. Ser de baja talla, o muy alto, gordo, extranjero, nuevo en el grupo, tener intereses específicos o ser literales, tímidos o retraídos pasan a ser justificaciones al odio de quien hostiga.

El bullying consiste en buscar, deliberada e intencionalmente, humillar a un par y dejarlo “desarmado”, en pedazos y sin herramientas para reaccionar. Por más que focalicemos en fortalecer a quien lo padece, si no trabajamos con quien lo comanda y con el grupo, poco podremos hacer para mejorar la situación.

Es hora de que aunemos esfuerzos para enseñar a no atacar, más que para aprender a defenderse. Tengamos tanto padres como docentes un discurso y una mirada común, amorosamente contenedora, para poder prevenir juntos estas situaciones. Apuntemos a detectar los primeros signos, atender a cualquier gesto discriminatorio por parte de los chicos y tomarlo como emergente para trabajar con ellos y de esa manera brindarles empatía activa para vincularse, más que herramientas de defensa. Que puedan sentir como sienten sus pares y –además– actuar para ayudarlos. En ese actuar deben sentirse cuidados por nosotros. Ningún chico va a pedir ayuda para un compañero hostigado si en ese acto se siente amenazado.

Algunas pautas para padres:

  • No desconfíe ni dude de las palabras de su hijo cuando relata lo que le sucede. Su hijo teme avergonzarlo o descepcionarlo por lo cual es probable que minimice los hechos.
  • No le diga “deberías haber hecho”, “esto te pasa por no hacer lo que te dije”… Si su hijo pudiera actuar de otra manera sin dudas lo haría. Estas frases lo culpabilizan y no lo ayudan a resolver el abuso.
  • No le enseñe a pegar o a devolver con la misma moneda, porque aumentar la violencia va en contra de lo que buscamos.
  • Abrace a su hijo y respete los tiempos que le pide. Si necesita esperar para afrontar una reunión en la escuela, hágalo. Ayúdelo a entender que es imprescindible la acción adulta.
  • Si su hijo o hija se animó a hablar, necesita confiar en que lo va a ayudar sin perder la calma. Precisa sentirse seguro de que no será nuevamente humillado ni expuesto. Por lo tanto, no es aconsejable exponer el problema en redes sociales ni “escrachar” a docentes o a compañeros.
  • Descubrir que su hijo es hostigado genera mucha angustia. Los chicos no lo cuentan, entre otras cosas, para no lastimar a sus padres. Para poder ayudarlo, mantenga la calma.
  • Establezca un diálogo fluido con la escuela, porque el trabajo conjunto es un pilar fundamental para ayudar a los chicos.

Si su hijo es quien hostiga, probablemente sea el momento de revisar modos de crianza. Un chico que maltrata a un par para hacerse un lugar en el grupo está pidiendo atención, está gritando “acá estoy, mírenme”. Los motivos y el sentido de hacerlo son individuales y es necesario trabajar con él para descubrirlos. No obstante, debe cesar inmediatamente de agredir y lastimar. Debemos transmitirle nuestra posición al respecto y marcar nuevamente la cancha. Lo que él está haciendo está mal, él no es malo. Ponerle el nombre de victimario u hostigador puede reforzar sus conductas. Busquemos un compromiso con él para que deje de lastimar a corto, mediano y largo plazo. Seguramente sea necesaria además una consulta profesional.

En la escuela se debe trabajar, en primer lugar, problematizando la temática. Sin minimizar ni exagerar; el bullying existe y no es una cuestión de creer o no. Urge trabajar en el concepto para no interpretar que todo es bullying y, en cambio, saber reconocerlo cuando sí está presente.

Los docentes tienen un lugar privilegiado para conectar con los chicos, dado que transcurren muchas horas con ellos. Deben darle importancia a todo signo de maltrato. Cuando un chico es hostigado por sus pares, habitualmente lo manifiesta. En general está triste, apagado, participa muy poco, se ausenta, llega tarde, se queja. Es fundamental y urgente que se atienda a este malestar. La palabra que debe guiar toda acción docente ante un caso de bullying (o su sospecha) es CONFIDENCIALIDAD. Los chicos deben sentirse en todo momento protegidos, cuidados y atendidos.

Enseñemos a los chicos a evitar la mentalidad del camino fácil, con la que todo parece conseguirse de manera inmediata, mediante el castigo, el miedo y el uso de la fuerza. Ocuparnos del bullying implica tener objetivos a largo plazo y trabajar permanentemente para alcanzarlos.

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