Luces y sombras: “El encargado”, video sobre acoso escolar

Por la Lic. Margarita Silberleib, Coordinadora de Libres de Bullying.

video_el_encargado

En el interesante video español “El encargado”, realizado por Sergio Barrejón (2009), podemos ver claramente qué ocurre cuando el adulto, en este caso el docente, se corre de su lugar, abandona su función y deja como “encargado” a un niño para que lo releve en su trabajo de cuidar la disciplina del aula.

En una primera parte es interesante notar que el tema que dicta el docente es la reproducción, y allÍ se da un interjuego de miradas entre dos chicos, Martín y Ana, casi disimulando una atracción pícara entre ellos. Y de pronto aparece otro niño, Luis, agrediendo a Martín.

Ya el video nos da aquí señales de una situación de maltrato de un niño hacia otro. Cuando el maestro se va del aula, la tension va creciendo; Martín debe encargarse de juzgar y acusar al mismo chico que lo hostiga, no sólo ya con actos sino con palabras lacerantes, insultantes.

Todos los niños son testigos de la situación, pero sólo Ana es la que habla, en una posición intermedia, ya que se dirige únicamente a Martín, el agredido, y no a Luis. Es que enfrentar al agresor para hacerlo declinar de su actitud siempre es más difícil, y quizás hasta pueda parecer inútil para los testigos.

Cuando el docente regresa trae unas diapositivas, baja una pantalla, cubre las marcas sobre el pizarrón que le había encargado realizar a Martín y lo encandila con la luz del proyector, casi señalándolo. El aula queda a oscuras, y es en las sombras donde crece nuevamente la amenaza.

Podríamos ocuparnos de distintos aspectos de este corto, pero quizás el más relevante es notar cómo cuando el adulto no cumple su función y la delega en los niños, se rompen ciertas cuestiones básicas de cuidado y protección.

La lucha de poder que se establece entre ambos niños sólo lleva a más violencia. Martín, el agredido, siente que desde el frente puede ejercer la sanción y Luis, al no estar el maestro, avanza intentando imponerse. La situación se frena cuando llega el docente y pareciera que todo vuelve a la normalidad. La pantalla “tapa” los nombres y las marcas escritas en el pizarrón, pero podemos pensar que ellas persisten, que estan ocultas pero que apenas hace falta que alguien corra el velo y las lea. Así ocurre siempre que hay maltrato, las huellas del dolor están, dejan su marca, sólo es necesario que un adulto las mire y las resignifique.

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